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martes, 30 de julio de 2013

Crítica de "Frida, entre lo absurdo y lo fugaz", de Carla Liguori, Javier Raffa y Agustín Konsol

Crítica de Frida, entre lo absurdo y lo fugaz

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro La Comedia).

Calificación: 9/10



¿De qué se trata?: Un recorrido por los hitos más destacados de la vida de la pintora mexicana Frida Kahlo, tanto desde un punto de vista intimista como en contacto comprometido con su entorno. Se exploran sus relaciones con, por ejemplo, Diego Rivera, Tina Modotti, Chavela Vargas y León Trotsky.

El punto fuerte de la obra: la dirección general de Carla Liguori. Ella es el motor de este espectáculo (además de su gestora), garantizando que nada esté fuera de lugar, y la creadora detrás de las brillantes decisiones artísticas. Su tarea es titánica, porque no solo tuvo que coordinar a 40 artistas en escena (sí, son realmente 40), sino que tuvo que estar en cada detalle de una obra que desborda creatividad, y se nota que no se hizo al azar. El esfuerzo está puesto para que todos los recursos sean teatrales y enriquezcan la historia, y la increíble fuerza visual no es gratuita, no es un simple efecto (me referiré a esto más adelante). Se nota que hay búsqueda artística, que se quiso hacer algo distinto, en vez de tomar la salida más fácil. En este caso, la búsqueda fue exitosa, porque potencia lo que se quiere contar. Todo está muy integrado gracias a la dirección; todos los elementos están atravesados por la original visión de Liguori.

Las coreografías de Nadia Savl son impactantes. Logró desarrollar tres estilos muy diferenciados entre los integrantes del ensamble que conforman el cuerpo de baile. Esos estilos se dan dentro de tres grupos: las seis bailarinas que representan a la muerte (con una técnica asombrosa), los bailarines del cuadro “Gringolandia” (con un estilo jazzero) y los bailarines mexicanos (se mueven con mucha gracia y pasión). De todos, el que más me gustó fue el de las bailarinas de la muerte, porque presentan movimientos muy imaginativos (sobre todo los que hacen afirmadas en una sola pierna) y figuras fantásticas (y difíciles de hacer), efectuando contorsiones con sorprendente naturalidad. Utilizan tanto la media punta como la punta. El uso de estas bailarinas (que, en una interesantísima decisión, reciben a los espectadores apenas entran a la sala) se vuelve muy simbólico y efectivo a lo largo de la obra. Hay que mencionar que el enriquecedor entrenamiento acrobático y la asistencia coreográfica estuvieron a cargo de Aldana Queirolo. Es cierto que no se puede definir qué estilo es el que bailan (por momentos, danza contemporánea, mezclada con elementos de clásico, y por otros, danza acrobática). Incluso, un espectador que tenía a unas butacas de distancia comentaba que le hacía acordar a Cats. Pero yo lo interpreté como un aspecto de la imprevisibilidad de la muerte, por momentos delicada y sigilosa y por otros violenta y abrupta.
Pero, más allá de esos tres grupos, la coreografía está presente en marcaciones para otros personajes, como para los jóvenes revolucionarios  durante “Juventud ardiente” (donde, además, se integraron muy bien los libros al baile) o en el cuadro “Torcida”, donde adquiere también un simbolismo fuerte (acompaña perfectamente lo que se dice, pero también sugiere más allá de las palabras).


La dirección de arte de Mariano Pauplys y el trabajo del encargado del contenido audiovisual, Guido Tondo, se lucen durante todo el espectáculo, y constituye un ejemplo de cómo apelar a la inteligencia para resolver la escenografía con pocos recursos, así como aprovechar el espacio. Esto se debe a que los escenarios (muchas veces, abstractos y originales) se proyectan en tres pantallas, ubicadas en distintos planos (para facilitar las transiciones al entrar y salir los personajes). Complementa perfectamente la historia, e ilustra el universo creativo de la mente de Frida (por ejemplo, durante “Lo que el agua me dio”, siendo el agua, además, tan importante para la pintura), pero, además, se adentra en cuestiones más complejas y dolorosas con audacia. También, permite mostrar fragmentos de la obra de Frida y algunos de la de Diego Rivera.
Me gustaría sugerir (sin dar muchos detalles) tres momentos donde se hace un uso muy interesante de las pantallas: las escenas del tranvía, la del mural donde Diego Rivera incluye a Lenin y la de los clavos.
Más allá de las pantallas, se utilizan elementos como sillas, mesas y una cama para la escenografía.

Desde lo actoral, Carla Liguori es una Frida muy convincente, que muestra distintos matices al actuar y cantar. Es un personaje complejo, que ella aborda siempre desde la fortaleza, aunque no le escapa a la emotividad. Sus vínculos fueron muy importantes para su obra, y la actriz logra establecer relaciones significativas. Tiene la tarea de explorar diferentes aspectos, por ejemplo, la juventud revolucionaria y apasionada que marcaría su vida, el cinismo y la audacia, la extraña relación con su marido Diego Rivera (“incomprensible para los extraños”, según el programa), la militancia desde la adultez, el reconocimiento como pintora y la tragedia. Liguori está casi todo el tiempo en escena, y tiene la responsabilidad de llevar adelante el ritmo de la obra. Se nota que hubo mucha investigación para componer a un personaje tan rico.

Por supuesto, el guión de la misma Carla Liguori y Javier Raffa ayuda mucho. Hace un buen resumen de los acontecimientos y facetas más importantes de la vida de Frida, permitiendo entender por qué fue una persona transgresora, que dejó una huella en la historia, y cómo su vida influyó en su pintura. También, se propone ilustrar la consigna de una vida marcada por “lo absurdo y lo fugaz”. Además, a pesar de que el espectáculo es relativamente largo y no tiene intermedio, no aburre, y es muy dinámico e interesante. Hay un equilibrio muy bueno entre las escenas más intimistas y las grupales.
La misma dupla escribió las letras, que permiten adentrarse en la mente de los personajes, que el entorno de la pintora refleje situaciones importantes o incluso situar el contexto de la acción. Algunas letras tienen metáforas muy buenas.



La música es de Carla Liguori y Agustín Konsol, y su variedad la hace atractiva. Adquiere fuerza y expresividad al transitar tanto los graves como los agudos dentro del mismo motivo musical, plasmando probablemente las ya comentadas facetas que presenta Frida y otros personajes centrales. Todos fueron trabajados desde su condición de humanos ante un contexto convulsivo y un destino adverso, ante el que no son indiferentes. La preparación vocal es de Maia Barrio, y me sorprendió el alto nivel vocal que demuestran tener muchos de los miembros del elenco, lo que demuestra que las audiciones fueron rigurosas (lo mismo se ve en el baile). Los arreglos corales del experimentado Gabriel Giangrante garantizan que en las escenas donde muchos personajes cantan a la vez realmente se escuche que hay muchas voces, con variaciones que enriquecen la partitura. Lo interesante de la música es que no busca generar melodías pegadizas, sino acompañar el relato.
A propósito, el sonido (de Lavecchia Sonido, operado por Abel Zamundio) es muy bueno.
Volviendo a un tema de dirección, la distribución espacial está muy bien pensada, sobre todo para resolver cuadros numerosos, donde se aprovecha el ancho y la profundidad del escenario. Otra decisión acertada para contribuir a la estética es la de las telas que operan las bailarinas de la muerte (acompañadas correctamente con lo que se proyecta, para estremecer, en una escena que no conviene adelantar).

Ariel Leyra es un estupendo Diego Rivera, sobre todo en lo actoral. Muestra un compromiso constante y se conecta muy bien con Liguori.
Del resto del elenco (que tuvo entrenamiento actoral con Zaida Rico), si bien todos aprovechan sus pequeñas intervenciones (Frida y Diego son los que más tiempo están en escena, y el resto va rotando), me gustaría destacar a dos intérpretes. La primera, Diana Amarilla como Matilde Kahlo (una de las hermanas de Frida), que demuestra sensibilidad y destreza vocal. La segunda, Sabrina Artaza (como Tina Modotti), principalmente porque resulta una revelación en lo actoral y vocal (ya se sabe que es buena bailarina), y porque su personaje tiene la frescura necesaria.

El vestuario del estudio Saldiva-Spiridone sobresale por su diversidad (hay varios cambios de ropa), y es sorprendente, así como el maquillaje de Sofía Núñez (sobre todo para las bailarinas de la muerte) y el peinado de Claudia Penas (se hizo un buen trabajo con el pelo del Frida).

La iluminación de Magdalena Berretta Miguez está en sintonía con lo que se proyecta (se prioriza que no tape la pantalla). Un muy buen recurso lumínico se utiliza en la escena del funeral.

En resumen: Este musical de fuerte estética e impronta visual, comandado por la visión creativa de su directora, Carla Liguori, brinda una entretenida biografía de la pintora mexicana Frida Kahlo, que además permite comprenderla en sus múltiples facetas.

Prensa: Duche-Zarate (www.duchezarate.com.ar).

Fotografía: Gonzalo Guerechit Ratti.

https://www.facebook.com/fridaentreloabsurdoylofugaz

Más información:
Dirección: Carla Liguori.
Teatro: La Comedia (Rodríguez Peña 1062).
Duración: 2 horas y 15 minutos.
Funciones: lunes a las 20:30 hs.
Entradas: $100.
Promoción: 2x1 con Club La Nación.

Elenco: Carla Liguori, Ariel Leyra, Marisa Provenzano, Manuel Feito, Candela Cibrián, Diana Amarilla, Carolina Díaz Codeso, Javier Belay, Pilar Miori, José Luis Marinelli, Sabrina Artaza, Eugenia Encina, Carlos Micelli, Pamela Tello, Eduardo M. Blanco, Pato Chaneton, Juan Otero Ramos y ensamble. Reemplazos femeninos: Florencia Bobadilla.

sábado, 27 de julio de 2013

Crítica de "Las mujeres de Fellini", de Valeria Ambrosio, con música de las películas de Federico Fellini

Crítica de Las mujeres de Fellini

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro IFT).


Calificación: 7/10


Nota: La calificación evalúa esta propuesta como un concierto, y por eso su nota no es comparable con la del resto de las obras criticadas. Entra dentro del ranking de la nueva categoría "Conciertos".

¿De qué se trata?: Este espectáculo, entre concierto y musical conceptual, no tiene una historia, sino que busca transmitir el delirio y la genialidad del genial director italiano Federico Fellini a modo de concierto, a través de canciones de sus cintas. Estas serán interpretadas por mujeres que parecen salidas de su creativa filmografía.

El punto fuerte de la obra: la calidad vocal de sus intérpretes. Son todas mujeres experimentadas en musicales, con un gran caudal de voz y excelente preparación. Ninguna desentona. A su vez, sus diferentes estilos vocales enriquecen los espectaculares arreglos corales (la magistral dirección musical es de Julián Serruya). Vale destacar entonces, a estas magníficas intérpretes: Patricia Browne, Andrea Cantoni, Maria Susana Ceva, Georgina Frere, Iara Lublinsky, Natalia Cociuffo, María Roji y Romina Groppo. Es extremadamente loable, entonces, que apuesten por un proyecto independiente y de bajo perfil, porque demuestra el amor que tienen por su arte y cuánto valoran esta obra.
Todas las actrices, menos Natalia Cociuffo y Romina Groppo, participaron en la versión argentina del brillante musical Nine, estrenada en 1998 en el teatro Metropolitan y protagonizada por Juan Darthés. Esa obra explora la conflictiva vida y mente de Fellini, a través de una especie de alter ego, Guido Contini. Pero, sobre todo, trata su particular vínculo con las mujeres que lo rodean.
Las mujeres de Fellini se desprende de esa obra, para seguir buceando en la cabeza de ese increíble director. Las artistas entran interpretando parte de la obertura de Nine, pero el resto del repertorio será de célebres películas de Fellini, como   (en la que se basa Nine), La Strada, La Dolce Vita, Intervista, Boccaccio ’70, Amarcord, Lo sceicco Bianco (El jeque blanco) y Le notti di Cabiria (Las noches de Cabiria).
Un acierto de la directora Valeria Ambrosio es la decisión de proyectar entrañables fragmentos de esas magistrales películas en unas telas, que emocionan a los amantes del cine. Además, se evocan diálogos de las películas de Fellini.
De Valeria Ambrosio quiero, además, destacar la iniciativa de impulsar el Ciclo Irreverente de Teatro Musical en el IFT. Es una creadora inquieta que apuesta por la producción nacional, y es siempre interesante ver sus proyectos porque se esfuerza por desarrollarlos de la mejor manera posible, rodeándose de talento. Este, ya en su tercera temporada (fue estrenado originalmente en el 2011, en el teatro Apolo, y luego pasó al Teatro 25 de Mayo, en el 2012), no es la excepción, y parte de una gran idea.
La puesta de Ambrosio para Las mujeres de Fellini es sumamente creativa. Con pocos recursos (una silla para cada artista, con su nombre, que ellas cambian de disposición, y algunos elementos de utilería sencillos, como pañuelos rojos, anteojos de sol, narices de payaso o cigarrillos), hace que sus actrices transmitan mucho. Las interpretaciones adquieren muchos matices, de la mano de sus inmensas actrices. Lo maravilloso es que, sin haber una trama, ellas siempre encuentran algo que hacer, aún cuando no están cantando. Cada una está metida dentro de un estereotipo fellinesco, y lo sostiene hasta el final (bien resuelto, por cierto). Se nota que la directora comandó un trabajo intenso para buscar a cada personaje. Las roles femeninos son muy importantes en las películas de Fellini, y este es un musical conceptual que quiere transmitir esa obsesión del genio, y lo logra.


Otro punto a favor de la dirección es que todas las actrices están integradas, y hay una complicidad entre ellas que es visible en los gestos que se dedican. Se divierten en escena.
Si tengo que elegir algunos momentos musicales, me quedo con los números de Georgina Frere (una técnica fascinante y un cuadro divertido), Romina Groppo (audacia vocal), María Rojí (muy carismática y expresiva) y Iara Lublinsky (una voz potente), pero todos son muy buenos.
Si bien el diálogo es escaso, hay algunos parlamentos interesantes. Sobre todo, el que cada mujer se compara con un instrumento de una orquesta.
Me gustó la disposición de los pocos elementos que hay en escena, que quedan muy bien con la luz que se les aplica (además de las sillas y las telas, hay una escalera, un piano y un rollo de película).
Me sorprendió el sonido. Sin ser de un nivel superlativo, es no obstante muy correcto, y permite escuchar muy bien a las cantantes.
Es una cita obligada para cualquier fanático de Fellini. Pero también vale la pena que quienes quieran escuchar un gran concierto, con voces espléndidas, coros impresionantes y canciones emocionantes, se acerquen al teatro IFT. No aburre en ningún momento.

En resumen: Una puesta mágica e inteligente de Valeria Ambrosio, donde ocho artistas con grandes voces y amor por su trabajo homenajean a Fellini y transmiten su delirio al público, desplegando muchos matices y brindando interpretaciones geniales de canciones de sus películas.

Fotos: https://www.facebook.com/pages/Las-mujeres-de-Fellini/

Más información:
Dirección: Valeria Ambrosio
Teatro IF: Boulogne Sur Mer 594, entre Av. Corrientes y Lavalle
Duración: 1 hora 5 minutos
Funciones: viernes a las 21 hs.

Entradas: $60.


Crítica de "Mágico Rock", de Tatiana D'Agate, con música de Luis Alberto Spinetta

Crítica de Mágico Rock

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro SHA).

Calificación: 7/10


¿De qué se trata?: Ana es una abogada muy dedicada y responsable, que vive muy estresada. Encuentra paz y felicidad al cuidar de sus plantas. Sus amigos (¿invisibles?) de la infancia, Beto, Hada y Duende, angustiados porque Ana ya no juega con ellos, buscarán volver a acercarse a ella. Utilizarán su magia para generar un acercamiento propicio y tratarán de transformarla a través de la música.

El punto fuerte de la obra: Marisol Otero. Es innegable su solvencia para el género del musical, donde se mueve comodísima. Incluso, en la función a la que asistí, supo disimular su resfrío e integrarlo a la historia, y no se notó mientras cantaba. Es valioso que una muy buena cantante como ella se acerque a una propuesta infantil, porque demuestra la seriedad con que se toma a ese público. Sus canciones reciben un aplauso fervoroso de los espectadores. En lo actoral, transmite acertadamente y con calidez el proceso de transición que sufre Ana a lo largo de la obra (de la desesperación a la liberación), con una cuota de necesario carisma y complicidad, manejando bien el humor.
De paso, comento que su nuevo CD, Musicales on the Rocks, es excelente.

Está bien secundada por Martín Spicki (Beto), Carla Maili (Hada) y Luciano Rosini (Duende), que también tienen oportunidades para destacarse en lo vocal. Apelan a la exageración y al humor físico, algo que los chicos festejan.

La dirección es de Valeria Abrosio, que tiene mucha experiencia en hacer obras con canciones compuestas con anterioridad. Demuestra entender al público infantil, que se entretiene e involucra con la trama y celebra las canciones, además de reírse en algunas oportunidades. Durante el bis del final, utiliza un muy buen recurso, que los chicos adoran.
El libro de Tatiana D’Agate plantea una buena historia para desarrollar el universo creativo y delirante de Spinetta. Hay que remarcar que es muy simple (y predecible), aunque los chicos se interesan por ver qué le sucede a Ana, así que fue astutamente hecho con ellos en mente. Las alocadas y creativas canciones de Luis Alberto “el Flaco” Spinetta le dan relieve al relato, y los padres y los niños se muestran agradecidos por ellas. D’Agate supo establecer una conexión entre la música y la historia, aunque a veces sea de forma débil. Lo que sucede es que es difícil manejar la rica poesía de Spinetta en un contexto infantil. Por eso, el guión no es lo más importante en esta obra, pero prvee una anécdota lo suficientemente sencilla como para dejar que las canciones abran paso al juego y a la transformación de Ana. Suenan “El anillo del capitán Beto”, “Ana no duerme”, “Seguir viviendo sin tu amor”, “Muchacha ojos de papel”, “Rutas argentinas”, “Barro, tal vez”, “Quedándote o yéndote”, “Alma de diamante”, “Dulce 3 nocturno”, “Toda la vida tiene música hoy” y “Despiértate, nena”. Es verdad, hay limitaciones para explorar dentro de ellas, pero su inclusión en la trama se justifica por lo que representa para la protagonista abrirse a la música y porque es una forma de comunicarse entre los seres fantásticos y Ana. En efecto, parece que en las canciones de Spinetta está la verdadera magia de Mágico Rock. Sólo a través de ellas Ana puede reflexionar sobre su identidad.
Hay, también, bienvenidos guiños hacia los adultos, relacionados, por ejemplo, a las telenovelas colombianas, al Tubby 4 y al Facebook (lo que me recordó, al margen, que Marisol Otero nunca me aceptó como amigo en Facebook, pero la sigo apreciando).
En fin, el libro es accesible para chicos de distintas edades. Y si no entienden el significado de la palabra “corrupto” y deben preguntar a sus acompañantes, estos tendrán muchos ejemplos para proveerles.

La escenografía de Ana Repetto (el espléndido jardín de la casa de Ana) es sumamente atractiva. El vestuario de Gustavo Alderete y la caracterización de Lucila Reche son trabajos muy correctos y vistosos.
La coreografía de Vivi Wlosko suma algunos momentos divertidos, permitiéndole seguir jugando a los artistas.
La iluminación Alejandro Velázquez es adecuada para generar distintos climas, contribuyendo también a mostrar el cambio en la vida de Ana.
La dirección musical es de Javier López del Carril y Lisandro Etala.

En resumen: Un musical que busca innovar a partir de las posibilidades que le brinda la delirante música del “Flaco” Spinetta, partiendo de una historia simple y accesible a todos los chicos. Valeria Ambrosio logra que los niños estén en contacto con el rock nacional y lo disfruten (junto con los adultos). Marisol Otero tiene una fuerte presencia escénica y refleja el cambio de su personaje con su carisma y su voz. Martín Spicki, Carla Maili y Luciano Rosini transmiten diversión. La escenografía es sumamente destacable. La obra fomenta la imaginación y deja un lindo mensaje: ser auténtico es el camino de la felicidad.

Fotos: https://www.facebook.com/magicorockmusical



Más información:
Dirección: Valeria Ambrosio.
Teatro: SHA (Sarmiento 2255).
Duración: 1 hora y 15 minutos.
Funciones: domingo 28 a las 17hs. despedida.
Entradas: $120.
Promoción: 2x1 con Club La Nación.


Nota: Al ser infantil, la nota asignada a la obra obviamente tiene en cuenta el público principal al que se dirige la propuesta.

miércoles, 24 de julio de 2013

Crítica de "Tanguito Mío, un musical bien guapito", de Gastón Marioni (libro y letras) y Tato Finocchi (música)

Crítica de Tanguito Mío, un musical bien guapito

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro Maipo).

Calificación: 9/10


¿De qué se trata?: Juan regresará al conventillo donde vivió su abuelo en los años 30 para descubrir el nacimiento de su historia de amor, en medio de tango y enredos.

El punto fuerte de la obra: la espectacular puesta en escena y dirección de Gastón Marioni, que va de la mano de las excelentes e imprescindibles interpretaciones del elenco.
Gastón Marioni (a cargo también del libro y las letras originales) diseñó una puesta visualmente impresionante y dinámica, ideal para captar la atención de los chicos. Pero lo más interesante es que sus recursos son teatrales y no caprichosos, como en numerosas producciones. Lo que se ve realmente enriquece la historia. Ideas como la de las esferas luminosas (dicho sea el paso, el diseño de luces, también del director, es impresionante durante toda la obra y fundamental), el uso del arnés, la plataforma que se desplaza a lo largo del pasillo o, sobre todo, la constante intervención de los avioncitos de papel, son meritorias. Además, se hace un uso correcto del ancho y la profundidad del escenario para la disposición de los actores a lo largo de las escenas. Esto está posibilitado por la asombrosa y creativa escenografía de Martina Urruty, en la que las edificaciones pueden rotar y mostrar la fachada o el interior (la escena con los cuatro jóvenes de la historia, cada uno en el piso de arriba de sus vivienda, es muy lograda). Las transiciones están bien resueltas.


Más allá de lo visual, se destaca el ritmo que se le imprimió a este musical (con aires de sainete), acatado con exactitud por los intérpretes. En este caso, no sería justo resaltar a ningún actor en particular, porque todos son impecables y con gran calidad vocal. Ellos son Fernando Dente, Agustina Vera, Diego Mariani, Vanesa Butera, Tiki Lovera, Guido Botto Fiora, Luciano Guglielmino y Juan Pablo Pereira. Reflejan con comicidad y gestualidad los tipos populares de los conventillos, con personajes de distintas nacionalidades.
Frente a tantos espectáculos infantiles que descuidan la calidad de sus actores y apuntan más a hacer una copia de otra historia, Tanguito Mío ofrece lo contrario: artistas comprometidos y carismáticos y mucha creatividad. También, lo que la distingue de muchas otras propuestas para chicos es que sus intérpretes cantan en vivo. Siempre me molestó que se subestimara a los niños montando obras con un playback desastroso, que varias veces acopla. Tanguito Mío tiene un muy buen sonido y sus intérpretes no bajan su nivel vocal porque se trate de una propuesta infantil. Además, Hernán Matorra toca el teclado, la guitarra y el bandoneón en vivo, y hasta actúa un poco.
La coreografía también estuvo a cargo de Gastón Marioni, con la asistencia de Andrea Benassi para el tango, y contribuye a generar interés, sin saturar, y a despertar una atmósfera tanguera. Con respecto a eso, resultan muy buenos los apuntes a clásicos del tango, a los que se integran la música original de Tato Finocchi (también responsable de los arreglos), acertada en su tono y atractiva.
El libro de Gastón Mariani plantea situaciones y diálogos divertidos, y la historia central es atractiva. Además, el contenido sobre los inmigrantes es ideal para que los chicos aprendan sobre el pasado de la ciudad y los aportes extranjeros en la cultura porteña, y se exaltan el amor y la amistad.
Tanto el vestuario de Kitty Di Bártolo como el maquillaje y peinado de Javier Cardini son muy profesionales, y le agregan color al relato.
Las animaciones de Lucía Suárez y Fabricio Basilotta, proyectadas detrás de la escenografía, generan un muy lindo clima durante una escena romántica.


Entonces, creo que este espectáculo es altamente recomendable para chicos de variadas edades, y que no va a aburrir a los padres. Vale la pena atravesar la caótica Av. Corrientes (al menos durante estas dos semanas), esquivar las largas colas y a decenas de vendedores que te ofrecen merchandising de Violetta sin discriminar sexo ni edad (punto aparte, ¿no ven que pasa por ahí gente lo suficientemente grande y heterosexual como para no querer usar una bincha rosa?) o los vendedores de saxos cloacales (en la vereda de enfrente) y acercarse al Maipo a disfrutar de un espectáculo nacional creativo y bien hecho, y que los chicos seguramente apreciarán y recordarán.


En resumen: Formidable puesta y dirección de Gastón Marioni para un espectáculo que nunca aburre y entretiene con recursos valiosos. No hubiese sido posible de realizar sin el increíble y comprometido elenco, con un alto nivel vocal, que funciona como un verdadero equipo y tiene un desempeño aceitado para garantizar el ritmo de la historia. Un musical original que puede atraer a chicos de edades diversas, y también a adultos.

Fotos: https://www.facebook.com/TanguitoMioMusical

Más información:
Dirección: Gastón Marioni.
Teatro: Maipo (Esmeralda 443).
Duración: 1 hora y 20 minutos.
Funciones: durante lo que queda de las vacaciones de invierno y, después, sábado y domingo, a las 16 hs.
Entradas: $80 a $120.

Promociones: 2x1 con Club La Nación.

Nota: Al ser infantil, la nota asignada a la obra obviamente tiene en cuenta el público principal al que se dirige la propuesta.

domingo, 21 de julio de 2013

Crítica de "Camila, nuestra historia de amor", de Fabián Nuñez

Crítica de Camila, nuestra historia de amor

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro Lola Membrives).

Calificación: 7.5/10



¿De qué se trata?: La eterna historia de Camila O’Gorman y el sacerdote Uladislao Gutiérrez, enamorados durante la opresiva dictadura de Rosas en nuestro país, y sus esfuerzos para concretar su amor.

El punto fuerte de la obra: la música de Fabián Nuñez; toda una revelación.
Nuñez escribió, además, el libro, y está a cargo de la dirección, y es admirable encontrarse con un creador tan apasionado por su obra, que pudo lograr su sueño de estrenarla en un teatro tan importante e imponente como el Lola Membrives, con producción de Sabrina Romay. Hacía cinco años (según relató Pablo Gorlero en http://www.lanacion.com.ar/1538250-bambalinas) que tenía el libreto y un CD con demos de las canciones circulando. Dicho se el paso, en este link pueden escuchar la gran versión de “Amar sin limitar” que grabó Elena Roger: http://www.youtube.com/watch?v=n8WdN523P1Q.
Mucha gente se confundió esta obra con la versión de la misma historia de amor que se presentó en el Centro Cultural Borges en el 2004 (http://www.lanacion.com.ar/616843-vuelve-camila-en-version-musical), por eso hay que aclarar que esta es distinta.
Volviendo a las melodías de Fabián Nuñez, muchas son realmente bellas y teatrales (supo integrarlas muy bien a la historia y a los sentimientos de los personajes). Varios críticos señalaron el enfoque ingenuo de la propuesta, y estoy de acuerdo en que no es precisamente una versión oscura del relato, si bien obviamente adquiere los necesarios matices trágicos (desde la dirección, es acertado el cambio de tono durante la segunda mitad de la obra). No obstante, me parece bien que se quiera probar algo distinto, y las canciones encajan dentro del romance idealizado que, en medio de la opresión que sufren sus jóvenes protagonistas, se vuelve a veces naïve (pocas veces aflora la pasión desenfrenada). Me gustó que se haya adquirido esa mirada, y que las notas del pentagrama sean fieles a ella. Nuñez le otorga, además, por lo menos un solo a cada personaje (menos al Padre Ganon), y eso les da posibilidades de lucimiento a los miembros del elenco, y además le permite adentrarse en la mente de los distintos seres y, en ciertos casos, explorar diversos tonos dentro de su música (no radicalmente diferentes, de todos modos).
Por cierto, la música instrumental está pregrabada, pero se nota la magistral dirección de Gerardo Gardelín. El diseño de sonido de Gastón Briski permite escuchar correctamente lo que cantan los personajes.
Algunas de las letras de las canciones presentan figuras imaginativas, y permiten que los personajes se expresen con solvencia.
El texto está bien pensado desde el timing y el foco a distintos lugares donde se desarrolla la acción. Para este último punto, el director tiene como ayuda una fantástica escenografía (también de Fabián Nuñez, con Lili Diez), con estructuras giratorias, para representar la iglesia y la casa de Camila desde distintos ángulos. Sobre el final, resulta oportuno el recurso de las estrellas y las celdas.
Un detalle histórico insignificante para el resultado artístico de la obra: en la época de Rosas, no se podía tener una puerta verde (como la que se muestra en la casa de Camila) o azul sin sufrir el hostigamiento de la mazorca (el brazo armado del dictador). Por eso, resultaría impropio que un hombre respetado como Adolfo O’Gorman dejase ese detalle al azar (el interior de su morada sí es de un tono rojizo, como era reglamentado).
La iluminación de Ariel Ponce es esencial para indicar dónde debe poner la atención el espectador y, ocasionalmente, sugerir climas narrativos y marcas temporales.
Con respecto a los datos históricos, me gustó que se reflejaran aspectos de la etapa rosista: la estrecha relación entre la iglesia y el régimen (las frase “Si hay entre nosotros algún inmundo, salvaje, asqueroso unitario, que reviente”, que pronuncia durante la misa el Padre Ganon, eran dicha por el Cura Gaeta antes de proclamar el Evangelio), la condición de Rosas como autoridad moral, la tensión con los unitarios, la rigidez de las familias, la obligatoriedad de mostrar la conformidad al régimen, el uso de la divisa punzó, el clima de terror y violencia  y la posición de Manuelita Rosas como intercesora entre los desafortunados y su padre.



En cuanto al elenco, gran parte del peso recae en Natalie Pérez (Camila O’Gorman), que tiene la responsabilidad de ser el alma de la obra en muchas escenas. Lo logra, interpretando a su personaje con mucha naturalidad, frescura y carisma, pero siempre dentro del marco ingenuo que planteó el autor. En algunos tramos, su Camila adquiere valiosos matices, y uno le cree que sufre por amor. Evolucionó como cantante desde su última aparición teatral (en El diluvio que viene), y tiene momentos donde sorprende.
Con respecto a Peter Lanzani (Uladislao Gutiérrez), se nota que no tiene experiencia en comedia musical, pero le pone entusiasmo a su labor. No obstante, se puede distinguir que tuvo cierta preparación en canto (la coach vocal de la obra es Laura Silva), por lo menos para afirmarse en los finales largos y que suenen bien en notas más arriesgadas sin llegar a lo que en Broadway llaman belting. Buen trabajo en ese aspecto. No está tan confiado en todas las melodías, y su nivel va oscilando, sin llegar a un punto alto, pero es bueno que se arriesgue a probar cosas nuevas, y que pueda ir perfeccionándose en el futuro. De todas formas, sus canciones no son tan demandantes. Se lo observa bastante tenso cuando canta (probablemente porque se esfuerza por hacerlo correctamente), a tal punto que ejecuta algunos movimientos casi robóticos pero, repito, su esfuerzo vale la pena (eso no quita el hecho de que el canto no es su fuetre, al menos en vivo). En lo actoral, tiene química con Natalie Pérez y compone a Uladislao con una postura muy adecuada. Encaró aceptablemente la personalidad tímida y contenida del principio de la historia, las dudas y el miedo de la mitad, y la liberación, el amor y la tristeza durante el final.
Los personajes secundarios acompañan perfectamente a los protagonistas.
La Ana Perichon de Julia Zenko es magnífica. Sus canciones son probablemente los mejores momentos musicales. Sabe darle relieve a su sufrida criatura durante el canto y la actuación, y hace verosímil su relación afectiva con Camila. Por supuesto, es en ella donde más se destaca el logrado maquillaje de Juan Gasparini.
Magalí Sánchez Alleno reafirma que es una artista integral impresionante (y que puede serlo en distintos terrenos). A pesar de que sus intervenciones son pocas, su Manuelita está llena sentimiento, y su solo (“Mis ojos ciegos”) es un gran momento, con compromiso actoral. Indudablemente, sabe transmitir.


Miguel Habaud encarna correctamente la rigidez de Adolfo O’Gorman (en el canto y la actuación), y tiene una participación como el Virrey Liniers.
Santiago Ramundo como Eduardo O’Gorman crea relaciones creíbles con los miembros de su familia y de la iglesia. Su personaje no tiene posibilidades para mostrar mucha destreza vocal, pero sale airoso.
Sergio di Croce (Ricardo) canta muy bien (aunque sea sólo en una breve escena). Asume la responsabilidad de luego componer a un personaje distinto: Antonio Reyes.
Déborah Dixon escoge en un registro actoral muy acertado como Matilde (la “nana”) y tiene una muy buena voz. Tiene la posibilidad de desempeñarse en pasajes con humor y también mostrar su costado desconsolado y su cariño por Camila.
Nelson Rueda resulta ser un buen Padre Ganon.
No pude ver a Laura Silva en el personaje de Joaquina (la madre de Camila), pero sé que es una gran actriz y cantante. En su lugar, estuvo Déborah Turza (responsable de los covers de los cuatro personajes secundarios femeninos), otra actriz con trayectoria en musicales y muy versátil. Disfruté mucho su canción “¿Cómo llegamos aquí?”, y la transformación que sufre su personaje y vuelca en esa melodía.

El vestuario de Pablo Battaglia es excelente, así como el diseño de peinados de Ricardo Fasan.

El mayor logro de esta obra es generar interés por el desarrollo de una historia más que conocida.
  


En resumen: Fabián Nuñez se acercó a la historia de Camila desde una visión personal (por eso no hay que compararla con la versión fílmica de la historia) y compuso melodías muy interesantes. Natalie Pérez lleva el peso de gran parte de la obra, y los actores y actrices secundarias acompañan sin fisuras, y estas últimas se lucen enormemente durante sus solos. Se destacan la escenografía, el vestuario y el maquillaje. Un verdadero hallazgo.

Fotos: https://www.facebook.com/camilaelmusical

Más información:
Dirección: Fabián Nuñez.
Teatro: Lola Membrives (Av. Corrientes 1280).
Duración: 2 horas.
Funciones: hasta el domingo 28 de julio. Miércoles a viernes a las 21:00. Sábado a las 20:00 y a las 22:30. Domingo a las 20:30.
Entradas: $95, $180, $200 y $240.
Promociones: 2x1 con Club La Nación, a través de Ticketek, a partir de las entradas de $180. Descuento en localidades de platea en "Tickets Bs. As." (Cerrito y Diagonal Norte).


viernes, 19 de julio de 2013

Ciclo Irreverente de Teatro Musical

En el teatro independiente IFT (Boulogne Sur Mer 594, entre Av. Corrientes y Lavalle), se lleva a cabo el Ciclo Irreverente de Teatro Musical, que vale la pena difundir. Forman parte de él musicales muy buenos, de producción nacional y con intérpretes de calidad, y la idea es que, en un futuro, se ofrezcan nuevas obras.
Es destacable que todas las entradas estén a un precio razonable ($60). Además, existe un abono de $150 para ver los tres musicales que actualmente forman parte del ciclo:

*Las mujeres de Fellini en concierto (viernes a las 21:00 hs.)

*Popera (sábado a las 20:30 hs.)

*Las relaciones peligrosas (domingo a las 20:30 hs.)

Para más información y recibir actualizaciones: https://www.facebook.com/teatroirreverente

Entradas disponibles en el teatro y en alternativateatral.com (este sitio tiene, además, información adicional sobre cada una de las obras del ciclo).


miércoles, 17 de julio de 2013

Crítica de "The Manhattan Club", de Alicia Orlando, con música de George Gershwin y letras de Ira Gershwin

Crítica de The Manhattan Club

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Centro Cultural Borges – Gira Nacional) - 2014 (Teatro del Viejo Mercado).

Calificación: 5.5/10

NOTA: ¡SE REESTRENA EN 2014!, CON ALGUNOS CAMBIOS EN LA OBRA. HABRÁ FUNCIONES LOS SÁBADOS A LAS 21 HS. (A PARTIR DEL 15 DE FEBRERO), EN EL TEATRO DEL VIEJO MERCADO.


¿De qué se trata?: Ocho artistas del Manhtattan Club (un club de jazz de Nueva York, en los años ‘30), apasionados por la música, ven su vida desmoronarse cuando el lugar donde interpretaban canciones de Gershwin debe cerrar. Van tomando caminos separados (aunque algunos permanecen juntos), y el grupo se disuelve. A través de flashbacks, volvemos a los momentos de gloria del club. Sin embargo, unos años después, los amigos se reunirán para tratar de que el Manhattan Club recupere su magia.

El punto fuerte de la obra: las magistrales melodías del gran George Gershwin, junto con las divertidas e inteligentes letras de su hermano Ira.
Si leyeron la crítica de Vale Todo, ya saben que me gusta la música de Gershwin, que es un representante indiscutido del jazz de los años ‘30. Es una pena que este espectáculo haya durado tan poco en cartel y que haya tenido poca afluencia de público, porque la idea de encontrarse con canciones tan especiales en su idioma original era brillante, sobre todo por la posibilidad de redescubrir algunas piezas que no son frecuentemente escuchadas hoy en día. Sin embargo, el año pasado, y nada menos que en Broadway, Nice Work If You Can Get It, con canciones de Gershwin, tampoco fue un éxito.
Que elija las canciones como lo más destacado puede resultar una contradicción con lo que escribí en la crítica de Más de cien mentiras (que no quería elegir como lo mejor de la obra a algo que preexistía a su creación). No obstante, en ese caso, la historia era sólida, algo que no sucede en The Manhattan Club. Esta ya ha sido contada varias veces (con variantes, por supuesto), en la televisión, el cine y el teatro, pero el problema está en que no se le da un desarrollo interesante.


El libro es endeble, y no está mal que así sea, si lo que se quiere hacer es que el foco esté en las canciones, y el trasfondo sea una mera anécdota. De todas formas, ayuda a crear un mundo ingenuo, ideal para la música de Gershwin. De hecho, por momentos (como cuando reflexionan sobre amor), los personajes se comportan como chicos de séptimo grado, y hay diálogos y conductas bastante estereotipadas. Pero lo importante es claramente el sentimiento de nostalgia, que se logra en varias escenas. Uno llega a empatizar con los personajes, pero no siempre. Me gustó la inclusión de Gershwin en la trama con una sombra.
Se intentó que algunas canciones (aunque no muchas) tuvieran que ver con los sentimientos de los personajes (además de ser sólo representadas en el club o en un ensayo).



En cuanto a los números musicales, muchos van a lo seguro, tanto desde lo estrictamente musical como desde lo interpretativo. Esto no quiere decir que me hubiera gustado que las canciones tuvieran arreglos notorios (parte de la magia de este espectáculo está en mantener un espíritu anacrónico), pero sí una vuelta de tuerca, apoyándose en una base tan consistente como la de Gershwin. Me hubiera gustado un poco más de búsqueda interpretativa. El elenco es homogéneo, y canta en forma muy correcta (algunos tienen más facilidad para el inglés que otros, pero ese es otro tema), pero un poco más de riesgo hubiera transmitido más. Yo hubiera desestructurado un poco esta obra desde lo teatral. No modernizarla, sino profundizar en las posibilidades expresivas del canto y la música con la misma atmósfera retro. Incluso, jugar más con los coros o con el ritmo. Todo esto es una forma de escapar de la monotonía (que las canciones de Gershwin no tienen) y lograr matices.
Algunos números sí logran generar esas emociones distintas a las que me refiero, y presentan mayor creatividad.
Estos son, en orden, los cuadros que me parecieron mejor realizados:
1) “I got rythm” (realmente fascinante).
2) “S’Wonderful”.
3) “Swanee”.
4) “For you, for me, forever more”.
Igualmente, hay otros también muy meritorios.
De todas formas, hacer escribir una obra como esta es un muy buen intento para alguien que venía de hacer espectáculos de tango (con elementos teatrales, eso sí): Alicia Orlando, el motor de esta propuesta.



Además de haber estado a cargo del guión y la dirección, y de actuar en la obra, Alicia Orlando (de quien, nuevamente, destaco que haya tenido la idea de hacer este espectáculo) montó una coreografía imaginativa (dentro de las restricciones) que suma mucho, aunque no sea interpretada de la forma más pulida que se haya visto en el último tiempo por algunos miembros del elenco (porque, en este caso, no es necesario). Es importante para evocar los años ’30, y para que el relato sea más fluido.
Alicia Orlando y su partenaire Claudio Barneix vienen del mundo del tango profesional (un dato curioso que está en internet: ambos bailaron en la versión fílmica de Evita, que dirigió Alan Parker), y son grandes bailarines.
Es positivo que se hayan lanzado a reunir un elenco (bastante numeroso) sin figuras, porque muestra su confianza en el proyecto.
El vestuario de Bety Pertrot y Jorge Maselli también contribuye en forma correcta a situarnos en el tiempo.
La iluminación tiene momentos donde se destaca más y otros donde pasa desapercibida.
Los músicos (el cuarteto básico de jazz, compuesto por piano, contrabajo, batería y saxo) tienen un buen desempeño (sobre todo Ricardo Pereyra en el piano: resulta hipnótico ver sus dedos golpeando rápidamente las teclas al ritmo del jazz), si bien no está por encima de la media, y es sumamente valioso que se haya contratado una banda en vivo.
Resulta interesante el uso del recurso del video para contar cómo siguieron las vidas de los integrantes del club, aunque se torne un poco repetitivo. Claudio Barneix estuvo también a cargo de la simpática dirección de arte.

En resumen: Una muy buena idea (hacer un nuevo espectáculo con las excelentes canciones de Gershwin en inglés), con un guión endeble. En algunos cuadros, se explota correctamente el potencial de las melodías. El elenco es homogéneo. La coreografía suma. Es destacable que haya banda en vivo. El recurso de video es interesante.

Apoyo este proyecto, porque me parece que parte de una buena iniciativa. Espero que puedan reponerlo (después de tan poca permanencia en el Centro Cultural Borges), o hagan alguna gira (tengo entendido que está planeada), para que más gente disfrute de las inolvidables canciones de Gershwin. Además, porque se apostó a desarrollar un obra nacional (con aciertos y desaciertos), en vez de quedarse con el formato de concierto.
Por eso, no quiero que se malinterprete la nota que le puse (no deja de ser una buena nota). Es simplemente porque no está al nivel del resto de las obras criticadas, pero no porque no me haya gustado ni entretenido.
Si tienen la oportunidad y les gusta el mundo del jazz de los años ’30 y Gershwin, la recomiendo, y también para aquellos que quieran acercarse como curiosidad.

Como bonus track, le dejo un espectacular cuadro de la película Un Americano en París, con Gene Kelly, con una inolvidable versión de “I got rhythm”.


Fotos: https://es-es.facebook.com/pages/Alicia-Orlando-Claudio-Barneix/


Más información:
Dirección: Alicia Orlando.
Duración: 1 hora 15 minutos.

ESPECIFICACIONES 2014:
Lugar: Teatro del Viejo Mercado (Lavalle 3177)
Funciones: Sábado a las 21 hs.
Precio de las entradas: $100 ($80 las anticipadas)
RESERVAS AL 2055-8500
www.teatrodelviejomercado.com

sábado, 6 de julio de 2013

Crítica de "Vale Todo (Anything Goes), basada en el nuevo libro de Timothy Crouse y John Weidman y con canciones de Cole Porter; en versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino y Marcelo Kotliar

Crítica de Vale Todo (Anything Goes)

Buenos Aires, Argentina.
Temporada 2013 (Teatro El Nacional).
NOTA: Temporada 2014 - MAR DEL PLATA (Auditorium Piazzolla)

Calificación: 7.5/10


¿De qué se trata?: Billy Crocker, en un acto de amor, decide infiltrarse en un crucero hacia Londres, abandonando su trabajo, para seguir a su amada Hope Haracourt, quien va a casarse en altamar con el millonario Lord Evelyn Oakleigh. Debe evitar ser descubierto por su jefe y por los miembros de la tripulación, quienes lo confunden con el Enemigo Público Número Uno. A su vez, viajan también en el barco el gángster Moonface Martin (Enemigo Público Número Trece), disfrazado de sacerdote, y su poco recatada secuaz Erma, y la artista Reno Sweeney, una vieja amiga de Martin y Billy. Ellos tratarán de ayudar a Billy a conquistar a Hope, en medio de numerosos enredos.

El punto fuerte de la obra: el cuadro “Vale Todo” (“Anything Goes”), que cierra el primer acto.
Era riesgoso lanzarse a renovarlo, porque la coreografía original (mejor dicho, la del último revival de Broadway de 2011, en el que se basa la versión argentina) es gloriosa (si no vieron un video, por favor háganlo). Sin embargo, se decidió hacer una coreografía original, a cargo de Rodrigo Cristófaro y Vanesa García Millán, que resulta muy efectiva y también requiere de una gran destreza. Aunque me hubiera gustado que se usara la plataforma de arriba, hay que dejarse llevar por este nuevo diseño, y que se haya decidido crear antes que recrear es un punto a favor. El ensamble la interpreta de una forma muy pulida y muestra su destreza para el tap.
Destaco esta escena porque es uno de los momentos insignia del musical clásico de los años 30, y era difícil estar a la altura de las expectativas de muchos fans del género. Por lo menos para mí, cumplió con creces. La genial canción de Cole Porter sonó brillantemente en la gran orquesta (el grupo de músicos, con Hernán Matorra en el piano, es impecable, y es uno de los puntos más destacados de esta obra). Los arreglos de Mariano Otero (conocedor del jazz) son excelentes, porque no alteran el espíritu de las partituras originales. Debo confesar que sentí cierta emoción cuando escuché la melodía en la obertura, pero lamentablemente quedó opacada porque (como ya comenté en la reseña de Los Locos Addams), hay gente que sigue pensando que es sólo música de fondo y hace comentarios inútiles como “Mirá cuánta gente” o “A una cuadra hay una pizzería” mientras la orquesta está tocando. Un paréntesis: incluso había familiares de actores que, una vez empezada la función, decía “Mirá, allá está fulano, ¿lo ves?”, pero es otro detalle que nada tiene que ver con el espectáculo en sí.
Volviendo al número “Vale Todo”, quería comentar que fue aplaudido por mucho tiempo, incluso después de que había caído el telón.
Una mención también merecen otros cuadros coreográficamente poderosos como “Toca, toca, Gabriel” y “Cuidate de mí”, donde el espectacular ensamble tiene posibilidades de sobra para desplegar su talento y lograr atractivas figuras.
El ensamble también se destaca cantando durante "Enemigo Público Número Uno" y "Vale Todo".



Uno de los mayores atractivos que tiene “Vale Todo” es su ingenuidad. No propone un humor con una sobredosis de chistes hilarantes, sino que, con simplicidad, hace que el espectador entre en un juego alocado, que le saca una sonrisa. Me pareció muy interesante la idea de traer de vuelta el espíritu de los musicales de los 30, como los de las entrañables películas de Fred Astaire y Ginger Rogers (de hecho, para los que estén atentos, hay una referencia a Top Hat). Hace bastante que no había en cartelera una propuesta como esta, que pertenece al grupo de las comedias musicales de enredos, con situaciones disparatadas (y resolución acorde, incluso demasiado apresurada y rebuscada). También, resucitó el citado tap, que tiene una gran potencia. Obviamente, no todos los espectadores aprecian estos elementos, por eso aclaro qué tipo de musical es.
La música de Cole Porter (junto con George Gershwin e Irving Berlin, uno de los grandes indiscutidos del jazz de su generación) es magnífica, y le agrega momentos muy entretenidos a la historia. Con la adaptación de las letras, Marcelo Kotliar acertó de nuevo (destaco “Sos lo más/You’re the Top”, difícil de traducir).
Fernando Masllorens y Federico González del Pino hicieron un buen trabajo con la versión del libro, aunque con momentos más notables que otros.



Florencia Peña me sorprendió gratamente, demostrando un gran crecimiento en el género. La verdad, me había desilusionado cuando la eligieron como Reno Sweeney, porque es un papel que requiere una actriz muy completa. No obstante, Peña demuestra estar entrenada y poder asumirlo en todos los niveles. Ya se sabe que es buena actriz cómica, pero tiene momentos donde maneja muy bien su voz para el canto, administrando bien el aire a pesar de la agitación de las coreografías. Pero sin lugar a dudas, alcanza un admirable nivel de baile, luciéndose en el tap. Si bien tuvo varios tropiezos en su vida fuera del escenario, y declaraciones que no comparto, su compromiso en el escenario es inequívoco, y se carga al hombro varias escenas.
En cuanto a Diego Ramos (Billy Crocker), sigue demostrando que el canto no su fuerte, si bien se defiende. No le da la proyección correcta a su voz durante el canto, y fue difícil escucharlo con claridad. Es una lástima, porque había mejorado en ese aspecto en Te quiero, sos perfecto, cambiá, luego de un desempeño regular en La novicia rebelde. Su nivel no es malo, pero es apenas correcto. No me causa rechazo como Ricardo Fort cantando algo de El Rey León o El Fantasma de la Ópera (mis amigos suelen cargarme con eso). Eso sí, durante “Sos lo más”, baila con mucha gracia. El público lo quiere mucho, de todas formas. En la actuación, se nota que se divierte. Con el tiempo, sé que va a poder explorar más facetas de su personaje (como hizo con el Capitán Von Trapp, con el correr de la temporada), aunque se lo nota desenvuelto en situaciones cómicas (ya había explotado bien esa faceta en La Tiendita del Horror). 
Enrique Pinti (como el Enemigo Público Nº13, el gángster Moonface Martin) sigue confirmando que tiene un gran talento y versatilidad, y realiza varias intervenciones graciosas.
Otra artista que me sorprendió fue Sofía Pachano. Sabía que era buena bailarina (lo demuestra en “Cuidate de mí”), pero compone a una Erma carismática, con toda la soltura que necesita su personaje. Atraviesa su número de canto con oficio (a pesar de tener menos preparación vocal), nuevamente respirando bien a pesar de participar de una coreografía.
Si leyeron la crítica de Borracho, un after musical, ya saben que pienso que Josefina Scaglione es una de las mejores actrices jóvenes de musicales. En Vale Todo, reafirma su capacidad de transmitir al combinar perfectamente todas las disciplinas esenciales de la comedia musical (actuación, canto y baile). Su solo (“Adiós, dulce sueño, adiós”) fue el momento de canto con mayor técnica de la función y, a la vez, de mayor sentimiento desde el compromiso actoral. Su Hope tiene la frescura necesaria.
Noralih Gago (como Evangeline Harcourt, la madre de Hope) es perfecta para su desopilante personaje, y lo hace suyo desde el primer momento.
Roberto Catarineu (poseedor de un oficio, un muy buen timing y simpatía, interpretando a Elisha Whitney, el jefe de Billy) y Martín Salazar (Lord Evelyn Oakleigh, el prometido de Hope) se mueven muy cómodos en la comedia, creando personajes divertidos, y siendo fieles a sus composiciones en el canto.
Leo Bosio (Sobrecargo), en participaciones pequeñas, logra generar simpatía. Mariano Musó, en otro papel menor (el del Capitán) también encuentra unos pocos momentos para jugar con su personaje.



Lamentablemente, no todo reluce en Vale Todo. Al menos en la función de estreno al público, hubo notorias fallas en el sonido que no esperaba en una producción de esta categoría. Sobre todo, por el precio de las entradas (y este crítico pagó su entrada). Al margen, recordaba que ver Sweet Charity, también con Florencia Peña, en el 2007, me había salido $30, cuando ahora la entrada más barata para ver Vale Todo cuesta $170.
Volviendo al sonido, incluso un miembro del equipo creativo, al que escuché hablar al salir de la sala, comentaba “Y, bueno, es que estamos en clima de segunda función, por eso hay problemas con los micrófonos y la iluminación”. A mí me parece inadmisible. Entiendo que esto pueda pasar en una muestra de teatro o en una obra escolar, pero no en una producción como Vale Todo, donde todo debería estar previsto y ensayado hasta alcanzar la mayor perfección posible. Había repetidas dificultades para escuchar a los intérpretes, que no fueron solucionadas. Espero que se ajuste con el correr de las funciones (si alguien la fue a ver después del estreno, por favor comente qué pasó con este tema), porque, si no, resta mucho, y es una de las razones por las que le bajé la nota a la obra. La iluminación no me pareció desastrosa, sino que no demasiado creativa, pero tal vez se deba a esos problemas técnicos que hay que ajustar. Calculo que se arreglará pronto.

Cabe destacar que Alejandro Tantanian (director) también se lanzó a hacer una versión propia de la puesta. Tal vez, por gusto personal, yo hubiera usado la profundidad del escenario en forma distinta en ciertas escenas.
La escenografía es funcional, grande pero simple en su diseño, también especialmente adaptada para la versión argentina por, Oria Puppo. Me pareció ingenioso el cambio de ángulo del barco para el segundo acto. Hay, además, algunas “puertas trampa” en el escenario, por las que suben o bajan algunos actores.
El vestuario de Pablo Battaglia (una creación original) tiene varios buenos diseños, sobre todo para los personajes femeninos.
Con respecto al precio de las entradas, es verdad que es una obra con una gran cantidad de artistas en escena, pero se podría establecer una gama más amplia de precios (como en el caso de Los Locos Addams).


En resumen: Una comedia musical clásica ligera y disparatada, con divertidas canciones de Cole Porter. Un fantástico número de tap con coreografía original cierra el primer acto. Muy buen desempeño de Florencia Peña. Brillantes participaciones de Enrique Pinti y Josefina Scaglione. Sorprende Sofía Pachano. La poblada orquesta es superlativa. Para divertirse sin pretensiones, y sin esperar un final excelentemente resuelto. La historia es ágil y busca complicidad constante con el espectador. El resultado final no deslumbra como para calificarla como una obra maestra (sí lo hacen muchas de las escenas, es justo aclararlo), pero entretiene con nobleza y buenos recursos. Es, no obstante, uno de los estrenos más destacados del año.

Es una pena que el sonido no haya estado a la altura en la función de estreno. Espero poder volver para disfrutar más de uno los mejores estrenos del año.

Más información:
Dirección: Alejandro Tantanian.
Teatro: El Nacional (Av. Corrientes 968).
Duración: 2 horas y 30 minutos (incluyendo un intervalo de 10 minutos).
Funciones: miércoles y jueves a las 20:30; viernes a las 21:00; sábado a las 20 :00 y a las 23:00; domingo a las 20:00.
Entradas: de $170 a $300.
Promociones: 2x1 con Clarín 360 (miércoles y jueves) y 15% de descuento con tarjeta Citi.

Fotos: Faroni Prensa.

NOTA: TEMPORADA 2014 - MAR DEL PLATA
Teatro: Auditorium Piazzolla (Bvar. Marítimo 2280); Tel.: (0223) 493-6001
Funciones: miércoles y sábado doble función, a las 20:45 y a las 23:30 hs.; jueves, viernes y domingo a las 21:30 hs.
La entrada más cara cuesta $270.